| Calpe Tras pasar el Morro de Toix se abre, espléndida, la ensenada de Calpe que cierra el universal Peñón de Ifach. Desde la bajada misma de la carretera muestra su lado más bonito, el más retratado. Y en el interior, las alturas de la Cometa, Oltà, Mascarat y el Collao forman un bello paisaje dominando los campos de cultivo.
La ensenada de Calpe, de dos millas y media de longitud, ha sido asentamiento de numerosas culturas: íberos, fenicios, romanos, que fundaron una próspera colonia dedicada al comercio y a la industria del salazón; musulmanes y cristianos, con vestigios de la defensa de sus tierras contra los ataques berberiscos en los siglos XVI y XVII en las torres de vigía alzadas sobre la punta del Mascarat.
La cumbre del Peñón servía como vigía de la población que vivía a sus faldas y, al otro lado, el Morro de Toix controlaba el barranco del Mascarat, acceso sur de Calpe, población que, por los ataques que se sufrían, se retiró al interior, construyendo en el siglo XV las murallas. De todo ello se encuentran muestras en el Museo Arqueológico que ocupa el edificio del antiguo Ayuntamiento.
Monumentos a ver son, en el barrio morisco del Arrabal, el Torreón de la Peça, donde se encuentra el Museo del Coleccionismo; las murallas y la Iglesia Vieja, único ejemplo del estilo gótico-mudéjar existente en la Comunidad Valenciana, que conserva una tabla al temple del siglo XV. También deben verse la masía fortificada o Casa Nova; la ermita de San Salvador, de gótico de conquista, situada sobre una colina que domina la bahía, y, en las afueras, la ermita de la Cometa, edificios del siglo VIII los tres últimos.
El puerto, a los pies del Peñón de Ifach, estaba separado de la ciudad por una zona de marismas, hoy desecadas, unas antiguas salinas que aún albergan aves migratorias como flamencos y garzas, y que ahora están ocupadas por la ocupación turística de las playas de fina arena de la Fossa (Levante), Arenal-Bol y de la Calalga, con edificios del arquitecto Ricardo Bofill.
Agazapado, casi oculto por la mole del Peñón, que alberga también el Club Náutico, el puerto tiene su propio espectáculo: la subasta del pescado, que puede seguirse desde una pasarela-mirador y que constituye una tradicional puja a la baja, tras la llegada de los barcos con sus capturas.
Desde allí, mirando hacia lo alto, se ve el acantilado de mayor altitud de todo el Mediterráneo (332 metros), el Peñón de Ifach, que adentrándose un kilómetro en el mar es un gigantesco mogote calizo, un contrafuerte, prolongación de la Sierra de Oltrá esculpido en el Eoceno, abrupto por todos sus lados, especialmente por el noroeste y por el sur, con caída vertical que profundiza hasta 15 metros bajo el mar.
A la cumbre se puede ascender por una senda que atraviesa la roca por un túnel a 180 metros de altitud, excavado en 1918, y se disfruta entonces de unas impresionantes vistas que, en días claros, alcanzan hasta Ibiza. La senda que lo atraviesa lleva hasta la otra cara del Peñón. Y a lo largo de un kilómetro, un paseo ecológico, que recorre su base junto a la costa, dispone de varios miradores desde donde contemplar bellos paisajes.
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