Un ancho valle de verdor desciende suavemente hacia el mar, del que a dos kilómetros de distancia, los primeros habitantes de Jávea dejaron su villa para protegerse de los ataques piratas elevando el pueblo entre unas murallas que encerraban un recinto presidido por la iglesia gótica de San Bartolomé. Es una población diseminada de 22.000 habitantes por cuyo centro histórico debe comenzar la visita.
La iglesia de San Bartolomé fue construida a instancias de los marqueses de Denia en 1513. Con carácter de fortaleza, las puertas van reforzadas por matacanes y observando la techumbre desde el interior se distinguen unas plataformas que se hicieron para emplazar en ellas piezas de artillería. El edificio, por el interior, tiene un bello ábside sustentado por dos contrafuertes diagonales y una bóveda de crucería compleja y rica.
En el mismo casco histórico se halla el Museo Arqueológico y Etnográfico Municipal, que lleva el nombre de sus fundador, Soler Blasco, y que se recomienda visitar por su destacado interés.
Un rincón urbano entrañable es la Placeta del Convent, que toma el nombre del convento de las Agustinas y que, durante los eventos festivos, igual acoge una Foguera de Sant Joan que sirve de improvisado ruedo para la suelta de vaquillas.
A dos kilómetros del casco urbano, se toma la carretera que conduce hacia la zona portuaria. Son las Aduanas del Mar, donde estuvo establecida la primera Jávea, al abrigo del cabo de San Antonio y en donde se extienden el puerto y el Club Náutico, así como el pequeño núcleo urbano marítimo. De él llama la atención la moderna y curiosa iglesia de Nuestra Señora de Loreto, que tiene forma de quilla de barco, apreciable desde su interior.
Siguiendo después por la carretera paralela a la playa de Benissero –profusión de bares, restaurantes y tiendas de todo tipo- se llega a la Playa del Arenal y su paseo marítimo. Jávea tiene 20 kilómetros de costa, desde la Cova Tallà hasta la Cala de Granadella. En el inmediato litoral, playas de arena se alternan con pequeñas calas entre pinares, como la de Granadella, que invita a practicar el submarinismo.
Desde el núcleo urbano o desde las Aduanas del Mar, sendas carreteras conducen hasta el Faro del Cabo de San Antonio. En el puerto, barcos de paseo permiten ver desde el mar los Cabos de San Antonio, San Martín, Negro y La Nao, con los impresionantes farallones del de San Antonio, conocer las cuevas de agua dulce de Els Orgues o del Aiguadlç y, especialmente, las Pesqueras de la Muerte. Y sobre la planicie del cabo, los molinos retrotraen a viejas épocas en que se aprovechaba el viento para la molienda.
Por entre ellos se visita el propio Cabo de San Antonio, que está formado por los contrafuertes del Montgó tras una fractura geológica del Pleistoceno que produjo acantilados subverticales de 150 metros de altura.
Varias cuevas al nivel del mar, como la de la Basota y la Cova Tallada, completan el paraje, que se remata con el faro situado a 174 metros de altitud. Los miradores, situados junto a la instalación, permiten ver allá abajo la superficie del mar, cuya contemplación puede producir un cierto vértigo, así como contemplar toda la bahía de Jávea y los montes que la envuelven.
Al sur, el Cabo de la Nao, habitado ya en la Edad del Bronce, forma un conjunto con los cabos Negro y San Martín. La carretera que lleva hasta allí conduce también hasta la cala de la Granadella, un marco de gran belleza entre pinares que pueblan la zona, con acantilados de 100 metros de altura sobre espolones salientes que se conocen como los Morros de Benitaxell, en los que también se practican las típicas y arriesgadas pesqueras, y en donde, bajo el mar, pozos artesianos manan agua dulce.
Aprovechando las cuevas naturales de los acantilados de la Marina Alta, los vecinos de la comarca practicaban la pesca desde la vertiginosa altura de los emplazamientos donde se encontraban las cuevas, instalando escalas para bajar a ellas. Sus propietarios, que lo eran por haber logrado bajar a ellas, acondicionarlas con obras de albañilería y dotarlas de puertas, acudían de madrugada a los mercados a vender el producto de la pesca tan arduamente conseguida.
Las instalaciones de las Pesqueras de la Muerte pueden divisarse fácilmente desde el mar, e impresiona pensar cómo aquellos hombres vencían el miedo, el vértigo y el cansancio para poder lograr alimentos o ingresos para sus familias, aunque hoy en día algunos todavía llevan a cabo de vez en cuando tan arriesgada actividad.
Dominando Jávea por el norte, el Montgó atrae. Parque Natural desde 1987 por sus valores paisajísticos, por su flora y por su fauna, el mar circundante es reserva marina y su cumbre se eleva hasta los 753 metros de altitud. El monte tiene imponentes acantilados por el sur y su naturaleza caliza propició la existencia de numerosas cuevas habitadas desde el Neolítico y el Bronce, como la Cova Ampla, o la Cueva del Agua, que, con inscripciones romanas, tiene abundantes filtraciones y fue utilizada por los árabes como depósito para abastecer, mediante canalizaciones, a la ciudad de Denia.